sábado, 24 de agosto de 2013

Deprimiendo a las nuevas generaciones

Algunas actualizaciones resultan totalmente innecesarias.

Por ejemplo, me ruborizo al ver un capítulo moderno de los archiconocidos Looney Tunes (Bugs Bunny, Lucas, Porky, etc.), en el que los distintos personajes se están sacando el carnet de conducir. Esto no es “adaptarse o morir”, es la degeneración de una ficción que fue originalmente concebida con un talante abiertamente transgresor o subversivo. O analizado desde otra perspectiva, un simple “slapstick” que fue creado para entretener, transformado en un aleccionamiento relativo a la educación vial.

Se deberían evitar este tipo de hibridaciones, porque fomentan la retroalimentación de algunos arquetipos sociales bastante redundantes. A parte de desvanecerse cualquier mueca humorística que se pretendiera transmitir. Es una de las deformaciones más horrendas de la ficción, utilizar personajes inventados para fomentar mensajes elaborados que conciernen a la realidad. Paradójicamente, también es una de las mayores virtudes de la ficción. Siempre depende del objetivo que se quiera conseguir con ello.

Más allá de la finalidad educativa que pueda justificar esta aberrante vuelta de tuerca, esencialmente observo la fomentación de una serie de tópicos, que ya de per se están bastante instaurados en nuestra sociedad. Se trata de algunas asociaciones binomiales como las siguientes: Carnet de conducir/persona de éxito; coche/libertad; aprendizaje para la conducción/prueba a superar a cualquier precio, etc.

El niño que vea estos dibujos animados (y no se aburra soberanamente) reafirmará en su pensamiento estos pequeños deseos ajenos, así como sucede con otros tantos deseos que se construyen socialmente, y porque no decirlo, de forma despiadadamente programada. Evidentemente, la realidad nos demuestra que un vehículo puede ser indispensable en algunas ocasiones. Aun así, muchas otras veces la necesidad de tener un vehículo proviene de una realidad sesgada.

Repito, la finalidad educativa de este capítulo queda en un segundo plano. Lo interesante es observar como unos personajes de naturaleza atractiva y jovial son puestos al servicio de la depresión infantil más primeriza. Un malestar mental que se podría ejemplificar mediante la siguiente reflexión “Si no tienes esto, no serás capaz de conseguir aquello. Estos dibujos animados tan simpáticos lo hacen, tú también lo debes hacer. Vive presionado por los deseos de los demás. Decide, o dejas de ser tú mismo, o te quedarás al margen de la sociedad”

¿Y que suelen decidir las personas ante esta dicotomía?

Es curioso comprobar que entre todos establecemos estas pautas enfermizas, y convertimos la sociedad en un insaciable depredador en busca de infantes a los que devorar.

Especialmente, me ha encantado una de las frases de Yosemite Sam, que en este episodio adquiere, arbitrariamente, el rol de profesor de conducción:

“Con la crisis, he tenido que buscar otro empleo”

Porque cazar conejos ya no es políticamente correcto…

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