Algunas actualizaciones resultan totalmente innecesarias.
Por ejemplo, me ruborizo al ver un capítulo moderno de los
archiconocidos Looney Tunes (Bugs Bunny, Lucas, Porky, etc.), en el que los
distintos personajes se están sacando el carnet de conducir. Esto no es
“adaptarse o morir”, es la degeneración de una ficción que fue originalmente
concebida con un talante abiertamente transgresor o subversivo. O analizado desde
otra perspectiva, un simple “slapstick” que fue creado para entretener, transformado
en un aleccionamiento relativo a la educación vial.
Se deberían evitar este tipo de hibridaciones, porque
fomentan la retroalimentación de algunos arquetipos sociales bastante
redundantes. A parte de desvanecerse cualquier mueca humorística que se
pretendiera transmitir. Es una de las deformaciones más horrendas de la
ficción, utilizar personajes inventados para fomentar mensajes elaborados que
conciernen a la realidad. Paradójicamente, también es una de las mayores virtudes de la ficción. Siempre depende del objetivo que se quiera conseguir con ello.
Más allá de la finalidad educativa que pueda justificar esta
aberrante vuelta de tuerca, esencialmente observo la fomentación de una serie
de tópicos, que ya de per se están bastante instaurados en nuestra sociedad. Se
trata de algunas asociaciones binomiales como las siguientes: Carnet de
conducir/persona de éxito; coche/libertad; aprendizaje para la
conducción/prueba a superar a cualquier precio, etc.
El niño que vea estos dibujos animados (y no se aburra
soberanamente) reafirmará en su pensamiento estos pequeños deseos ajenos, así
como sucede con otros tantos deseos que se construyen socialmente, y porque no
decirlo, de forma despiadadamente programada. Evidentemente, la realidad nos
demuestra que un vehículo puede ser indispensable en algunas ocasiones. Aun así,
muchas otras veces la necesidad de tener un vehículo proviene de una realidad
sesgada.
Repito, la finalidad educativa de este capítulo queda en un
segundo plano. Lo interesante es observar como unos personajes de naturaleza
atractiva y jovial son puestos al servicio de la depresión infantil más
primeriza. Un malestar mental que se podría ejemplificar mediante la siguiente
reflexión “Si no tienes esto, no serás capaz de conseguir aquello. Estos
dibujos animados tan simpáticos lo hacen, tú también lo debes hacer. Vive
presionado por los deseos de los demás. Decide, o dejas de ser tú mismo, o te
quedarás al margen de la sociedad”
¿Y que suelen decidir las personas ante esta dicotomía?
Es curioso comprobar que entre todos establecemos estas pautas
enfermizas, y convertimos la sociedad en un insaciable depredador en busca de
infantes a los que devorar.
Especialmente, me ha encantado una de las frases de Yosemite
Sam, que en este episodio adquiere, arbitrariamente, el rol de profesor de conducción:
“Con la crisis, he tenido que buscar otro empleo”

