viernes, 28 de junio de 2013

Conocimiento clandestino

La búsqueda de conocimiento puede resultar infructuosa. No obstante, tiene sus pequeñas recompensas. Estas recompensas nunca se materializarán en forma de auténticas respuestas. Pero si lo harán en forma de vías alternativas para plantear las dudas existentes.

¿Merece la pena absorber información sin saber que puertas se van a abrir y cuales se van a cerrar? ¿Es lícito plantear el conocimiento personal como un conjunto de elementos clandestinos o intransferibles? ¿Somos conscientes de lo aislados que estaríamos si mantuviéramos nuestras parcelas de conocimiento relativamente intactas, si no socializáramos nuestro conocimiento?

Desde un punto de vista aproximadamente metalingüístico, las tendencias y las modas se podrían considerar un fenómeno comunicativo, un aspecto indisociable de la interacción que mantienen las personas que viven en poblaciones (supuestamente) desarrolladas. Así pues, vamos a la deriva, arrastrados por las corrientes de un enjuague mental de gran espesura. Las personas no nos comunicamos según lo que somos, expresamos lo que somos mediante tópicos aprendidos. Ya no deseamos por nosotros mismos, anhelamos materializar nuestros referentes culturales más cercanos. Aun así, continuamos siendo y deseando por nosotros mismos, es una de las grandes contradicciones del ser humano postmoderno. No es que hayamos perdido la voluntad, es que no tenemos demasiada personalidad.

Ante tal escenario, ¿Es lógica la búsqueda del conocimiento? ¿O se puede acabar transformando en otro de los vicios mentales fomentados por la sociedad de consumo?

Dudo de la respuesta definitiva. Tan siquiera la negación del conocimiento se erige durante demasiado tiempo como una solución válida, por lo menos no para quienes se sienten irrevocablemente atraídos por el placer del saber.











No hay comentarios:

Publicar un comentario